Hola de nuevo.
Ha sido un tiempo de descanso, de cambio de ciudad y de reflexión; por lo menos yo me la he pasado así. Desde que he recuperado la voz, paradójicamente, me la he pasado callao analizando.
Estos días tuve terapias domiciliarias y he visto y sentido la mejoría. También tuve un tiempo de oración y ministración con mi líder; durante este tiempo me dijo varias cosas que me quedaron sonando. Entre esas me dijo: “no es que la gente te haya olvidado, es que sencillamente está ocupada viviendo”.
Yo les confieso que inicie ese tiempo quejandome de todo, hasta de Dios. Callao analizando admiti que también existe una queja contra Dios o un raye como decimos los muchachos. Este raye consiste en que me he sentido solo, olvidado, dejado atrás. Y ¿por qué me he sentido así? sencillo, porque la gente ha estado ocupada viviendo.
La gente ha tenido sus rollos. Rollos de salud, rollos familiares, rollos financieros, rollos personales, rollos combinados (o sea, dos o más rollos a la vez), etc. Yo no quería aceptar que ese raye estaba ahí y mucho menos quería soltarlo porque ajá, se siente chévere sentir enojo por alguien.
Como te decía, tuve terapia en casa. Tenerla así me ha hecho pensar en posibilidades, como que podría estar en cama o podría estar rechazándola por andar enojado con la existencia. No es nada fácil darse cuenta que el propio cuerpo no responde al movimiento más sencillo, como levantar el brazo.
Yo no quiero ser monotemático con el dolor como quien se relame la herida cual perro. Mejor dicho, no los quiero aburrir ni que me cojan fastidio. En mi tiempo callao analizando he pensado mucho en una frase: casas en desierto. Yo no sé si sabías que en mi adolescencia uno de mis trabajos vacacionales fue de albañil.
Y es bien sabido que lo que para que no se caiga la casa o la edificación debe tener buenos cimientos; se empieza por ahí para garantizar que sea inamovible. Yo no he visto la primera casa en un desierto, pero sí, dos historias en la Biblia.
La primera está en Lucas 14:28 y dice que antes de comenzar una obra debemos sentarnos a calcular si tenemos lo suficiente para terminar la obra.
La segunda está en Mateo 7:24-27 y dice: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”
Lo que he pensado de esta frase y de estas historias es que a veces nos gusta quedarnos en terrenos áridos. Cuando el pueblo de Israel anduvo por el desierto, usaban carpas y no casas. El desierto es un trayecto no un destino; antes de entrar a la tierra prometida hay que atravesar el desierto.

El raye con Dios se produce por un sentimiento de injusticia que se vive y solo se ve eso. Es como la arena de un desierto que pa’onde mires hay. La queja originada por el raye nos hace enrancharnos en la situación construyendo una casa, echar cimientos en la arena; las carpas son fáciles de mover y de quitar.


He pensado mucho en esa frase y me he dado cuenta que tengo ¨rollos¨ de mi vida que no he querido resolver, porque he sentido chévere andar rayado contra Dios. Y no me había dado cuenta de lo insensato que he sido al estar construyendo una casa en el desierto, con vista a la tierra prometida pero sin poseerla y lleno de arena.

Construir casa en el desierto no es algo bueno, es no querer avanzar para salir, es no perdonar la ofensa, es dejar que el sentimiento de injusticia crezca y andar por la vida enojado. No debemos echar raíces en el desierto, no debemos dejar que el enojo se arraigue. Me lo digo a mi mismo, no creas.
Andar en el desierto no es chévere pero es la ruta a la tierra prometida, no siendo más… nos vemos en el Camino.

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