Hola de nuevo.
Yo no sé quién lee esto, pero gracias.
Habiendo dicho lo anterior, pregunto: ¿has sentido que lo que haces no trasciende? Como que nadie notaría si lo dejaras de hacer. Te confieso: a mí me ha pasado. Lo he pensado con el blog, con el podcast y hasta con las terapias.
El sentimiento de renuncia solo aparece cuando alguien se ha atrevido a empezar algo. Está presente en quienes decidieron intentarlo.

Alguien me hizo caer en cuenta de que llevo más de un año haciendo terapia. Y lo menciono porque sé que hacer algo durante tanto tiempo cansa. Dan ganas de tirar la toalla, pero tirarla de mala gana y con rabia, con drama, con odio… y que no queden dudas.
David una vez dijo: “No daré nada a Dios que no me cueste”. Y la verdad, David hablaba de un terreno que quería comprar. No querían aceptarle el pago porque era el rey, pero él insistió.
Nosotros queremos las cosas sin que nos cuesten y andamos diciendo que nos ha tocado muy duro. Pero cada quien carga lo suyo y siente que pesa.
Hace unas semanas tuve una conversación —casi discusión— con Gabi. No fue discusión porque si alzábamos la voz se despertaba Benja. Pero ella me dejó pensando.
Me dijo que sentía que ya no me estaba esforzando como antes. Que tenía miedo de que me hubiera resignado a quedarme en la silla sin avanzar más en la recuperación.
Y de eso hasta yo tengo miedo.
Después me encontré con una persona que me dijo que leía los blogs y estaba esperando el próximo escrito. Y aunque esa persona no lo sabía, estaba confirmando el punto de Gabi.
Mientras me hablaba, yo pensaba callado:
“Si supiera que me quiero rendir… nadie valora lo que hago”.
Como he dicho antes, no lo menciono para chicanear. Lo digo para embalarme solo:
¡me leen!
¡Qué responsabilidad!
Quiero seguidores. Más que los que tiene Gabi. Porque sí, quiero la fama para restregársela en la cara a Gabi, ser buen esposo y sentir ese fresquito satisfactorio de saber que cierta cantidad de personas valoran lo que hago.
¿Sabías que en el boxeo no tira la toalla el luchador sino el entrenador?

El que recibe los golpes, el que se cansa y el que pelea es el boxeador, no el entrenador. A mí eso siempre me ha parecido injusto.
Es curioso ver al entrenador en la esquina, dando agua y motivando al peleador. Yo sé que hace mucho más que eso, jajaja. Pero no deja de sorprenderme que sea él quien decide si el boxeador sigue o no.
Así pasa también en la vida con Dios.
Uno anda por la vida recibiendo golpes y deseando que todo pare. Pero no depende de uno cuándo termina la pelea.

La buena noticia es que, en este caminar diario con Jesús, tenemos a Dios como entrenador.
Le escuché a un predicador orar así —o me lo inventé, ya no me acuerdo—:
“La gloria para ti y la fama para mí”.
Dios es un buen entrenador. Él sabe los tiempos. Sabe cuándo tirar la toalla.
Y como dijo el salmista: si seguimos en esta tierra de los vivientes, asumo que todavía no la ha tirado por nosotros.
Así que toca hacerle.
¿Te has dado cuenta de que cuando un boxeador gana se hace famoso y hablan de él en todo lado, y del entrenador apenas si lo mencionan?
Así somos nosotros cuando nos empieza a ir bien. Se supone que la gloria es para Dios… pero no siempre es así.
Yo sé que Dios no ha tirado la toalla por mí. Y por ti tampoco, porque seguimos acá.
En mi caso, sé que debo seguir adelante porque tengo una esponja en la casa llamada Benja y una esposa llamada Gabi observándome para saber hacia dónde coge la familia.
Y esa es suficiente motivación para no rendirme.
La reflexión es esta:
uno no sabe quién lo está mirando, y por eso debería portarse bien.

Jajaja… no, pero sí.
Las ganas de rendirse son reales. Pero debemos recordar que la decisión no es nuestra sino de nuestro entrenador.
Yo puedo soportar, pero quien realmente conoce mis capacidades es Él. Y mi tarea —aunque no sea fácil— es confiar.
Aunque no sientas que te leen, que te escuchan o que tengas ganas de seguir, recuerda que Dios creyó en ti antes de que tú creyeras en Él.

Y recuerda también que no sabes a quién puedes estar inspirando con tu ejemplo.
El sentimiento de renuncia es real. Pero antes de rendirte, pregúntate si realmente es el tiempo de hacerlo. Porque tal vez el entrenador todavía cree que puedes seguir peleando.
No ha tirado la toalla.
No siendo más… nos vemos en El Camino.

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